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Dirección de Tránsito y TransporteBebedores al volante
Queda prohibido conducir cualquier tipo de vehículos con una alcoholemia superior a 500 miligramos por litro de sangre. Para quienes conduzcan motocicletas o ciclomotores queda prohibido hacerlo con una alcoholemia superior a 200 miligramos por litro de sangre. Para vehículos destinados al transporte de pasajeros de menores y de carga, queda prohibido hacerlo cualquiera sea la concentración por litro de sangre. La autoridad competente realizará el respectivo control mediante el método adecuado aprobado a tal fin por el organismo sanitario.
Tabla comparativa
Equivalencias
Fuente: Secretaría de Prevención y Asistencia de las Adiciones Los efectos La presencia del alcohol en la sangre provoca efectos directos que pueden resultar peligrosos. Ya con menos de 0,50 gramo por cada litro aparecen el aliento etílico y síntomas de desinhibición. Con 0,50 gramo de alcohol por litro comienza a percibirse una mayor lentitud en los reflejos, euforia, excesiva confianza en sí mismo e imprudencia, dificultades en la adaptación visual (principalmente de noche, cuando se produce la mayor ingestión de alcohol), disminución del campo visual lateral, menor capacidad de previsión y fallas en la coordinación motora. Los síntomas que se presentan entre 1 y 2 gramos de alcohol por litro de sangre son: trastornos de la memoria y del habla, incoordina ción motora, confusiones y reacciones retardadas. Con 2 ó 2,5 gramos, ya se tienen graves dificultades motoras y se confunden colores, objetos, dimensiones y personas. La importancia del trago demás En la percepción del hombre medio, uno o dos tragos de alcohol suplementarios simplemente no tienen significación; por el contrario, parecen aumentar la percepción sensorial, el equilibrio emocional, la claridad de juicio y la habilidad motriz. Nada mas lejos de la realidad pues, en el tránsito, el gran problema no lo es tanto el estado de ebriedad propiamente dicho, sino, las dosis subclínicas, las que no producen mas síntomas que un leve brillo en la mirada, alguna risa fuera de lugar, locuacidad, yerros intrascendentes y ligeras somnolencias. Pero es un hecho clínico que, con el primer trago, al irrumpir el alcohol directamente en el torrente sanguíneo por vía mucosa, comienzan las alteraciones visuales, reflexológicas, motoras y psicológicas, las cuales se traducen "ipso facto" en actos conductivos equivocados, negligentes, innecesariamente arriesgados, emulativos, desprolijos o extemporáneos lo cual, en el alto dinamismo del ambiente peatonal-vehicular, incrementa exponencialmente el riesgo. Por supuesto que aquí no se considera el extraño fenómeno de la "ebriedad patológica" que consiste en una descompensación psicofísica de enormes proporciones causadas por la ingesta de cantidades infimas. Lo peor del alcohol reside en el efecto psicológico de engaño que induce, pues, hasta un cierto punto bastante alto de la curva de consumo, el sujeto se siente interiormente cada vez mejor en el misma medida que su rendimiento empeora, al punto que sea un aberrante lugar común afirmar: "cuanto mas tomo, mejor manejo", lo cual expresa lo exactamente contrario a lo que sucede en la realidad. Por ejemplo, se ha demostrado experimentalmente hasta el cansancio que, para una alcoholemia comprendida entre 0,50 y 0,80 gr/lt, el espacio de detención de un vehículo a una velocidad de 100 km/h se prolonga entre 20 y 30 metros, lo que demuestra el grado de interferencia que causa una sola copa de licor suplementaria. La crítica diferencia responde al descenso del nivel de umbral reflexológico, el cual no es autopercibido en absoluto por el intoxicado, y es por eso que se lo llama, irónicamente por supuesto, "el trago inocente". La mejor demostración la da la siguiente tabla ilustrativa del
crecimiento del grado de riesgo vial, proporcional al ascenso de la curva
de alcoholemia:
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Fecha de publicación: 23.04.2008 |